- Las apuestas se han normalizado entre los adolescentes, de los cuales 1 de cada 10 afirma haberlo hecho alguna vez. Además, el 65% dice hacerlo por diversión y el 47% confía en ganar dinero con ello.
- Desde anda CONMiGO alertan de la vulnerabilidad de los jóvenes en la adolescencia y cómo las apuestas pueden alterar su percepción de la realidad y afectar a su bienestar emocional.
La imagen del juego como una actividad de ocio se ha normalizado entre los adolescentes en los últimos años, impulsada por la digitalización, la accesibilidad de las plataformas online y una narrativa que asocia apostar con diversión y ganar dinero rápido. Sin embargo, las apuestas conllevan un gran riesgo para el desarrollo psicológico de los jóvenes.
Según el estudio Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital elaborado por UNICEF España y la Universidad de Santiago de Compostela, uno de cada diez adolescentes españoles menores de 18 años reconoce haber apostado alguna vez. Este dato resulta especialmente alarmante si se tiene en cuenta que la principal motivación no es económica, sino social. De hecho, el 65% afirma que lo hace para divertirse y pasar el rato con sus amigos.
En este contexto, las apuestas actúan como un potente estímulo ya que combinan emoción, recompensa inmediata y validación social. La adolescencia es una etapa muy vulnerable a las conductas adictivas. El cerebro aún está en proceso de maduración, sobre todo de aquellas áreas relacionadas con el control de impulsos, la toma de decisiones y la evaluación de riesgos.
Además, el hecho de que casi la mitad de los adolescentes que apuestan (47%) lo haga con la convicción de poder ganar dinero, puede alterar su relación con el dinero, el esfuerzo y la gestión de la frustración. Ganar sin un trabajo previo favorece expectativas poco realistas, mientras que las pérdidas pueden generar sentimientos de culpa y fracaso difíciles de manejar a nivel emocional. Esta distorsión, se refuerza cuando el 84% asegura haber ganado alguna vez. Las pequeñas victorias iniciales no solo normalizan la conducta, sino que consolidan la creencia de que saber jugar es suficiente para ganar, minimizando la percepción del riesgo real.
Cuando el juego deja de ser una actividad puntual y comienza a ser algo rutinario, los efectos no tardan en aparecer. “A corto plazo, pueden manifestarse irritabilidad, ansiedad o cambios bruscos de humor, principalmente cuando el adolescente no puede apostar o pierde dinero. A medio y largo plazo, el impacto puede ser más profundo, desde la disminución del rendimiento académico, el aislamiento social, hasta conflictos familiares y una mayor probabilidad de desarrollar otras conductas de riesgo”, explica Irene López, psicóloga y responsable clínica terapéutica de los centros anda CONMiGO.
En algunos casos, además, el juego se convierte en una vía de escape para evadirse del estrés, la presión académica o los conflictos personales. Cuando esto ocurre, el riesgo de desarrollar una dependencia aumenta, ya que el juego deja de ser una actividad puntual y pasa a cumplir una función de regulación emocional. Estas vivencias influyen directamente en la autoestima y en la manera en que el adolescente se enfrenta al éxito y al error.
La prevención, por tanto, no debe basarse únicamente en la prohibición, sino en la educación emocional y digital. “Hablar de forma abierta sobre el juego, sus riesgos y los mecanismos psicológicos que lo sustentan ayuda a los adolescentes a desarrollar una mirada crítica. Asimismo, es fundamental promover alternativas de ocio saludables y crear espacios de socialización que no estén vinculados a las apuestas”, recomienda Irene López.
En este sentido, contar con profesionales que acompañen tanto a las familias como a los jóvenes resulta clave. En anda CONMiGO Teens, referentes en metodología terapéutica integral para adolescentes, no solo se interviene en aquellos casos en los que el juego se ha convertido en una adicción, también ofrece un espacio seguro donde los jóvenes pueden reflexionar de forma crítica sobre las actividades que forman parte de su día a día con el objetivo de que desarrollen conciencia sobre las consecuencias de sus decisiones, aprendan a identificar situaciones de riesgo y sepan cuándo y cómo pedir ayuda.
En definitiva, la adicción a las apuestas en la adolescencia no es un caso aislado, es una realidad que viven a diario muchas familias. Identificar estas situaciones a tiempo, escuchar sin juzgar y acompañar con herramientas adecuadas puede marcar la diferencia entre una experiencia puntual y el inicio de un problema que condicione el bienestar de los jóvenes y su correcto desarrollo.
Sobre Anda CONMiGO
Anda CONMiGO, referentes en metodología terapéutica integral para el desarrollo infantil y adolescente, con centros especializados a nivel nacional e internacional, nace para ayudar a grandes luchadores: niños/as, adolescentes y padres que, por situaciones de prematuridad, síndromes, retrasos madurativos, discapacidad u otro tipo de necesidades como problemas del lenguaje, psicológicos o psicopedagógicos, sufren al no saber cómo o dónde llevar a sus hijos para ayudarles a superar, día tras día, su necesidad terapéutica.

