- La Prueba de Acceso a la Universidad no solo evalúa los conocimientos académicos de los estudiantes, sino también su capacidad emocional para gestionar la presión, el miedo al fracaso y la incertidumbre sobre el futuro.
- Desde anda CONMiGO alertan de la creciente presión que sufren los jóvenes y recuerdan la importancia de acompañarlos psicológicamente para evitar que el rendimiento académico condicione su autoestima y bienestar emocional.
Cada año, miles de estudiantes en España se enfrentan a la Selectividad como uno de los momentos más decisivos de su vida académica. Durante semanas, las conversaciones giran en torno a notas de corte, carreras universitarias y la nota media que necesitan para acceder a determinados grados.
De hecho, según recoge el Informe CYD 2025, casi un tercio de los estudiantes que accede a una universidad pública presencial no consigue matricularse en su primera opción de grado, una situación que aumenta la sensación de incertidumbre y frustración entre muchos adolescentes. Y es que más allá de los exámenes, esta etapa supone para muchos, el primer gran desafío capaz de condicionar su futuro académico, profesional e incluso personal.
Tomar decisiones determinantes para su futuro a los 17 o 18 años, en plena construcción de su identidad personal, puede convertirse en una importante fuente de presión emocional. Irene López, psicóloga y responsable clínica terapéutica de anda CONMiGO, explica que “en esta etapa se concentran algunos de los principales factores de estrés emocional, como la presión por rendir, el miedo al fracaso, las expectativas familiares y la incertidumbre sobre el futuro”. Todo ello ocurre, además, en un momento vital en el que muchos adolescentes todavía están desarrollando herramientas emocionales para gestionar la frustración, la ansiedad y la presión académica.
A todo ello se suma el desgaste emocional que provoca la preparación de la Selectividad. Tras semanas de estudio intensivo, muchos estudiantes experimentan problemas de sueño, ansiedad anticipatoria, bloqueos durante los exámenes o pensamientos catastrofistas relacionados con su futuro académico y profesional.
Además, desde la línea especializada en adolescentes de anda CONMiGO, advierten de que cada vez es más frecuente encontrar jóvenes que vinculan directamente sus resultados académicos con su autoestima y valía personal. Por ello, aunque el esfuerzo y la responsabilidad académica siguen siendo fundamentales en las sesiones siempre transmiten a los jóvenes que un mal resultado no define su futuro y que siempre existen alternativas, cambios de rumbo y nuevas oportunidades.
Sentirse apoyados por la familia, el entorno educativo o profesionales especializados puede marcar una diferencia significativa en la manera de afrontar esta etapa y evitar que sientan que su valor personal queda reducido únicamente a un resultado académico. Además, cuando la ansiedad, el estrés o la frustración empiezan a afectar al bienestar diario, el acompañamiento psicológico puede convertirse en una herramienta clave para trabajar aspectos como la tolerancia a la frustración, la gestión de expectativas y la construcción de una identidad más allá de las notas.
En definitiva, la Selectividad no solo supone un reto académico para miles de jóvenes, sino también un importante desafío emocional. Más allá de las notas y los exámenes, desde anda CONMiGO Teens recuerdan la necesidad de prestar atención al bienestar psicológico de los adolescentes en una etapa marcada por la presión, la incertidumbre y el miedo a equivocarse. Porque detrás de cada calificación hay un joven intentando tomar decisiones sobre su futuro mientras todavía está construyendo su propia identidad.
Sobre Anda CONMiGO
Anda CONMiGO, referentes en metodología terapéutica integral para el desarrollo infantil y adolescente, con centros especializados a nivel nacional e internacional, nace para ayudar a grandes luchadores: niños/as, adolescentes y padres que, por situaciones de prematuridad, síndromes, retrasos madurativos, discapacidad u otro tipo de necesidades como problemas del lenguaje, psicológicos o psicopedagógicos, sufren al no saber cómo o dónde llevar a sus hijos para ayudarles a superar, día tras día, su necesidad terapéutica.

